"Platero y yo (elegía andaluza)"
“Advertencia a los hombres que lean este libro para niños”
Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito
para… ¡qué sé yo para quién! … para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien!
“Dondequiera que haya niños - dice Novalis -, existe una edad de oro”. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca. ¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!”.
EL POETA
Madrid, 1914
El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia define a una elegía como una composición
poética del género lírico, donde se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o
acontecimiento digno de ser llorado. En español se escribe generalmente en tercetos o en verso libre.
En el prólogo a una edición de la obra realizada en 1963, Arturo del Hoyo, expresó:
“Platero y yo (Elegía Andaluza) es una sucesión de pequeños poemas en prosa, en que Juan Ramón
Jiménez, con franciscana ternura, exalta la simpática figura de un asnillo llamado Platero - “dulce Platero
trotón, burrillo mío, que llevaste mi alma tantas veces”
Platero y yo es el libro de la sencillez que se ansía; secreto canto a las cosas que pasan, moneda de oro
en la que, como un sol, destella la vida, su belleza y sus penas, y alguna vez también su bulliciosa fealdad.
En este libro, si Platero es el protagonista, Moguer - el espléndido cielo azul de Moguer,
frente al Atlántico, con sus albas casas, sus viñas y naranjos, sus pinos y nogales y sus huertos de granados -; Moguer, d e c imo s , e s e l escenario por donde andan el poeta y su burrillo; y el viejo Carbón, Rocillo, el niño tonto, Anilla la Manteca, los húngaros y otros humildes personajes; y el poeta es aquí un mágico apuntador de sentimientos.
Escrito con el corazón en la mano, eneste libro no sobran las palabras. Y su contención, su comedimiento expresivo, hace que esta elegía andaluza sea también un pomo de gracia, una esmaltada vasija de la que se desborda luz, belleza, eterna belleza…”
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